martes, 14 de junio de 2011

MI TIO DARDO




Por: El Papirri.

¡Era tan feliz cuando subía al tren de mi infancia ¡ En la prodigiosa estación paceña nos despedían amigos verdaderos pues nos íbamos de vacaciones varios meses, la subida hasta El Alto en chucuchucu era espectacular, de codos veía por la ventana mi ciudad erguida en sus laderas. Luego venia el delirio aturdido del viento entre los vagones, el coche comedor alborozado, nuestro camarote duplex tan necesario pues nos esperaban 4 días de viaje hasta llegar a la estación tucumana donde la familia argentina esperaba en su postal radiante.

Yo quería dejar Tucumán y llegar rápido a la casa del abuelo Andrés en Santiago del Estero, para jugar futbol desnudo, admirar la parra y sus ratas nocturnas, sentir profundo el olor de los sauces y ese calor inmemorial desatando nuestros cuerpos. Pero Tucumán nos hipnotizaba unos días por la figura entrañable de mi tío Dardo. Siempre de buen humor, con su sonrisa de niño retozón nos esperaba en la rural, su simpático auto verde. Mientras manejaba hasta su casa de la calle Entre Ríos 996, el pícaro iba piropeando por la ventana a las guapas veraniegas: Adiooos chicas, ya llegaron los bolivianos, vengan por casa. Yo ilusionado me estremecía mientras él se atoraba de risa con su k’asa ventana.

El tío Dardo había salido de la más insondable pobreza desde su pueblo de Pampa Mayu, cerca de Simoca, en plena campiña tucumana. Changuito manos teñidas, carita morena, había logrado por su talento y tenacidad graduarse con honores como abogado de la Universidad Nacional de Tucumán, conquistando con su gomina gardeliana a la hermana de mi madre, la tía Cote. Ya en la casa, el tío se sacaba el traje y la corbata, aparecía descalzo con camiseta interior y pijama celeste cargando contento el bombo que le había regalado su suegro, don Andrés Chazarreta. Se sentaba en el centro del patio, ponía el LP del Chango Nieto acompañando feliz al disco con su virtuoso bombo durante horas. Nunca vi tocar así el bombo leguero, con tanta precisión y sincopa, envuelto en su risa calurosa que le hacia temblar la panza como Papa Noel mestizo. Cuando terminaba la canción su único público atento (que era yo) lo ovacionaba, sirviéndole una gaseosa helada mientras se iba cociendo en sangre el asado del fondo. Entonces llegaba el vino en damajuana y la noche se encendía de chacareras y gatos bailados por toda la familia en coreografías precisas tejidas con amor. En la zamba, mi mama Anita y mi tía Cote se lucían con los maridos empañolados, el tío Dardo y Monroy Block fulguraban sus galas de verano concluyendo la tertulia en un beso profundo de las parejas con el estallido de aplauso de los hijos. Éramos felices.

Recuerdo un verano que el tío Dardo me llevó en la rural a su pueblo, llenamos el auto con pelotas de futbol que olían a cuero nuevo y con camisetas de Boca que él mismo compró para regalar sin protocolo a los changuitos pata pilas que nos perseguían incendiando aquel domingo glorioso de bocinas. El tío entonces era el Dr. Dardo Molina, diputado federal por el peronismo, había sido el único tucumano en ir a buscar a Perón hasta Madrid y regresarlo victorioso del exilio. Recóndito luchador, abogado de cañeros y limoneros, el pueblo amaba a Molina y lo elige después Vicegobernador de la provincia de Tucumán.

El verano de 1976 arranqué esta vez en el tren paceño completamente solo, mi familia se había dispersado por el sufrimiento de la muerte de mi madre en abril. Aquello era un remedo punzante, inclusive la llegada a la estación tucumana, el tío se esforzaba con su sonrisa, me compraba alfajores, gaseosas y helados, al mediodía veíamos juntos Almorzando con Mirta Legrand, la diva se la pasaba entrevistando a los fascistas de turno. Cuando la doña mostraba las sandalias, el tío decía- heee mira ese talón, tan

arrugado como su cara … y yo me atoraba de la risa con la ensalada brotando por la nariz.

El 15 de diciembre del ’76, mi tío Dardo me dio un beso sonoro con su mejor risita, se subió a la rural, me dijo gozoso que en la noche comeríamos pizza y que tocaríamos juntos con el nuevo disco de chacareras. Nunca más volvió. Han pasado 35 años. Los paramilitares fascistas lo detuvieron en la esquina, allanaron la rural, lo encañonaron, lo llevaron a un centro clandestino de detención, lo torturaron hasta matarlo. Son 35 años que mi tío, el Dr. Dardo Molina Alurralde no aparece. Los esbirros y cobardes de Videla, Menéndez y Bussi (gobernador de Tucumán de la dictadura) lograron que ese ser humano extraordinario hoy sea una foto más en la dolorosa lista de 30.000 desaparecidos en la Argentina durante el Plan Cóndor. Mi tía Cote murió de soledad y dolor. Sus hijos y nietos continúan de manera incansable la lucha por encontrarlo. Se cree que puede estar en el Pozo de Vargas, una fosa común cerca de Tucumán descubierta gracias a los vecinos y organizaciones de derechos humanos. Tal vez lo encontraremos en Arsenales, otra fosa común tucumana, los peritos investigan, la alcaldía de Cataluña se solidariza con las madres de la plaza de mayo financiando la búsqueda.

Mientras tanto, amado tío Dardo, te miro en la foto de desaparecido y me brota una sombría lagrima porque te extraño mucho. Tu recuerdo vive en mi alma y en los ojos de miles de changuitos cañeros que apoyaste, hoy padres de familia de la nueva Argentina democrática a la cual ofrendaste tu vida y ejemplo. Tenías 59 años cuando te secuestraron. No descansaremos hasta encontrarte.

lunes, 30 de mayo de 2011

HUGO DE SANCTIS

Por: El papirri

Estaba en Aguascalientes, desterrado, solo y despistado. Caminaba por el Jardín de San Marcos buscando al Pato Lucas, un pato simpático que quería cagarme y yo no me dejaba. Los árboles espesos del jardín procreaban resolanas maravillosas, mi juventud desparramaba ardor y música, con mis guaraches, guitarrita y algún cuaderno componía canciones por el vergel, sin embargo cuando anochecía la soledad era enorme, mi hostal de cucarachas no ayudaba.

Era octubre de 1982, había cumplido 21, tenia la crisis de no encontrarme en los Conservatorios de música y por la oferta de un compositor boliviano contemporáneo que vivía allí dejé el D.F. En las mañanas pasaba clases en el Instituto Musical Manuel M. Ponce con el susodicho, en las tardes era docente de guitarra del mismo Instituto con alumnitos mini que me hacían renegar. Conseguí una pensión de nombre Don Manolos, era económica, limpia, ideal para un boliviano/estudiante/músico/desterrado; don Manolos traía en equilibrio los almuerzos jugosos que rebalsaban humos picantes.

Una tarde escuché en argentino: Que hacés querido, dame ese té de yyyerbas delicioso, como está la señora? Por fin un tono familiar, sonreí masticando la quesadilla que se derretía en mis labios nerviosos. Entonces Don Manolos comenta: allí al fondo hay un músico boliviano, profesor del Instituto Ponce, trátalo con respeto, manito, es estudiado. En aquel momento aparece el gaucho con el pelo sobre los hombros, barba rala y densa, ojos verdes maravillosos, cristalinos, era alto, fornido, parecía un ex futbolista, Vos sos músico? pregunta de sopetón...conversamos como si nos conociéramos de antes. Le pregunto a que se dedica, dice: mira, yo jugué en el Jorge Wilsterman, he piloteado aviones, soy guitarrista, poeta, artista plástico, profesor de yoga, escritor…pero en realidad vendo libros. Me dije, este es un chanta, luego supe que Hugo de Sanctis- así se llamaba el personaje- había hecho todo eso y mucho mas.

El sábado me convidó a su congregación yogui, conocí gente linda. Esa tarde se puso la camiseta de San Lorenzo y dimos 96 cabecitas seguidas ante la admiración de los mexicanos, nos enfrentamos en un gritado picadito y en la tarde tomamos mate y cantamos. Allí fue que conocí al Hugo de Sanctis futbolista, trovador, guitarrista y poeta. Tocaba a Bach muy bien, pulseaba la guitarra al estilo pampeano con afinaciones extrañas y profundas, cantaba con una voz agridulce, ronca, expresiva. Conocí una canción suya “Simplemente luz” que Mercedes Sosa grabaría un año después ¡Conocí sus poemas y una novia muy joven que traía al lado (esta mina tiene los pezones como micrófono de LV11, me decía susurrando para que no escuchen los sanos). Nunca pude calcular la edad de Hugo, parecía infinito en su energía metafísica.

Una tarde me sacó del hostal, Esto es una porquería, gritaba ayudándome a sacar mis cosas por encima de las cucarachas. Me fui a su cuartito, era mejor, más decente, compartimos como hermanos diez días la habitación, me gustaba como colgaba sus medias en el baño.

Luego vino un concierto mío en el Teatro Morelos de Aguascalientes, interesante, variado, con músicos amigos mexicanos de diversas tendencias, estrené varias canciones. La serenata para Django de Pierre Lerich sonó realmente bien con el piano de Ricardo Martín Jáuregui, medico y pianista de jazz hidrocálido. En medio de la segunda parte del concierto, desde la butaca se escuchó: Chazarreta¡ gané el premio nacional de poesía¡…al volver a nuestro cuarto supe que era Hugo y que se había ido al D.F a averiguar sobre el premio, me dejó una nota que decía: el cuarto está pagado una semana mas, voy en busca de la publicación de mi obra.

Lo volví a ver 25 años después en Santa Cruz, en la Avenida Monseñor, era el mismo intemporal y sorprendente poeta, un poco mas cansado pero intacto, con muchos caminos recorridos, con otra pareja joven, estaba apurado, lo invité donde yo tocaba esa noche. Hoy en el Facebook me encuentro con un cuate que indica que Hugo de Sanctis ha fallecido. Me dolió el pecho. Me acordé de todo esto. Ingresé al Internet y encontré a un escritor mexicano que relataba que efectivamente Hugo de Sanctis había ganado en 1983 el Premio Nacional de Poesía, el más antiguo y prestigioso de México, que nunca le publicaron el libro cuyo titulo era “Canción al prójimo” pues tenia 300 paginas y a los funcionarios culturales les pareció muy largo. Fue este amigo literato de nombre Benjamin Valdivia que logró publicar en el 2004 el libro en una editorial particular, Valdivia compara por su importancia este libro con el Canto General de Neruda.

El poema I dice al inicio: “Ahora que es tan lejos y tanto se ha perdido/ un crepúsculo regresa a su gran madre”.Tu eres ese crepúsculo, gran artista Hugo de Sanctis, donde quiera que estés escucha mi susurro triste por no verte mas, escucha mi pecho sorprendido reconociendo que tenias 73 años cuando partiste, que escuchen tus cenizas esparcidas la gratitud mía por haber sido en brevedad un hermano mayor, que los días que estuve contigo permanecieron grabados en algún rincón del alma. Entonces me respondes con tu voz agridulce, con tu vibrato inmemorable en el mismo poema:”Adiós gravedad, adiós fragmentos, valijas/ formas huesudas que un día ocupé/ queriendo ser eterno y no pude”.Adiós caminante perenne, valiente ser que purificaste nuestro aire con tu presencia altiva, con tu sencillez sonora. Adiós Hugo de Sanctis, ahora eres simplemente luz.

Domingo de ch’aqui

LAS PUTAS DE HAMBURGO

Por: El Papirri

El puerto de Hamburgo me esperaba afligido en sus casitas cuadradas de ladrillo con chimeneas muertas. Colosales buques desplazaban sus ascensores pariendo por sus bocazas unos cubos con cosas adentros que luego cargaban obreros tercermundistas rompiéndose el espinazo. Las grúas gemían en sus cuellos de jirafa, tartamudeaban descolgando en péndulo sus llantos de hembra despechada. Desde la barcaza podía sospechar las casas posteriores, las autopistas veloces, Europa y su perfección aburrida.

Me habían recibido en el aeropuerto tres compatriotas entusiastas, se colaron en las tetas mi poster, las movían graciosas, felices. La menor tendría 26 años, pinta de hija de alemanes pero paceña, daba saltitos como rebotando en su gordura joven. La mayor, ya cincuentona, tenía una sonrisa perfecta de choclo cochabambino, era la más simpática, me abrazó como si fuera su pariente. La morena del medio cursaba el digito tres, siempre enérgica discutía con un guardia en alemán algo sobre el parqueo. Directo me llevaron a un restaurante portugués, unos pescados enormes se ahogaban en peceras de mal gusto, asustaban, el portugués los batía de allí para rebanarlos en un suculento plato donde navegaban cebollas y tomates estridentes; la jovata se reía- Igual que en Cochabamba vas a comer aquí. Tomamos vino francés, cervezas varias y en lo mejor me llevaron al departamento del novio de la enérgica medianera.- Mi novio esta en Bolivia, el departamento es tuyo, dijo amable en su abrazo de cebollas. Era un lindo piso, pero mas lindo el balcón y mas lindos los árboles de la vereda que cabeceaban sus años mozos y otoñales en las paredes desagarradas de humedad.

Cuando se fueron me sentí feliz disparando el humo de mis gitanees al cielo hamburgués sin estrellas, me tome dos cervecitas mas de las pequeñas y dormí como hipnotizado hasta el mediodía siguiente donde la mayor me llevó a pasear por el puerto aquel. Ya eran dos meses de gira y un solo polvo mediocre había acontecido, con una boliviana suiza de no recordar: conflictiva, me echó de su cama recién cuando se iniciaba el evento. En otras palabras traía las bolas cargadas de un semen espeso, sazonado.

Luego del paseo por el puerto, la ñora me llevo a un rodizio brasileño, que manera de comer carne ¡entonces llegó la menor con el novio alemán, devoramos todo, pasamos al salón de tragos donde unos paraguayos en trío enérgico cantaban los hits latinos cerca de las mesas. El cantante/arpista sudaba la gota gorda, cerca de la tercera edad ofrendaba lo último de sus cuerdas vocales vía Recuerdos de Ypacarai. En lo mejor, otra vez me llevaron al departamento, al día siguiente era el concierto en un Hotel especialmente contratado para la fiesta boliviana.

Ya en el evento apareció la fila de nacionales, la mayoría con un aire de superioridad medio cojudo, unos caballeros que parecían dueños del restaurante Vicuña de El tejar traían pañoletas grotescas de seda en el cogote y sombreritos tililin. Entonces vinieron las palabras, un funcionario de la Embajada dijo: -La donación por las inundaciones del Beni que Uds. realizaron se les devolverá nomás porque no sabemos como depositar en Bolivia. En ese ambiente horrible ingresé con mi guitarringa, cuando se me iba el show de las manos salvé la cosa con mi repertorio setentista del bar Primavera haciéndoles bailar cuecas y huayños. Luego entraron los jóvenes mix boli-germanos que daban saltos con los Tobas, no veía la hora de irme al departamento.

Al día siguiente apareció la veterana, me pagó y entregó el boleto aéreo hasta Madrid vía Palmas de Mallorca, me dio 100 euros demás -Para que te descargues, dijo, sabida. Fuimos a comer una sopa de lechugas y un hot dog inmenso, entonces apareció el Rene,- Papirri¡ chilló, no he podido ir…y me abrazó en su metro y medio. Te lo

encargo, dijo la mayor. Caminamos llegando por el atardecer a un callejón sorprendente lleno de vitrinas con las putas de Hamburgo, todas blancas de porcelana, rebalsaban sus pelitos rubios por sus calzones de encajes ofreciendo sus tetas monumentales. Cuando pregunté el precio una expresó 100 euros por 15 minutos. -Quieres entrarle ? dijo el Rene. Ni cagando, dije. Entiendo, hermanito, te llevare nomás a mi territorio…

Entonces serpenteamos callejuelas llegando a una avenida de joda total, los boliches expedían humos de guacataya, una señorita linda desnuda subía y bajaba de una tubería mientras los alemanes aplaudían. Rene emprendió con la kaikeada, me contó que era paceño, que trabajaba hace tres años en el infierno, por mi hijita, repetía con tos lacrimosa. Desde su teléfono me mostró las fotos de aquel horno, el fuego le brotaba por todos lados, disfrazado de marciano plateado disparaba palas de carbones interplanetarios a 50 grados. Se lo veía sufrido pero repleto de energía, bebía seco tras seco. Entonces me llevó donde sus chicas. Era una especie de hotel público de 4 pisos como supermercado, tocabas la puerta, salía una señorita tercermundista en camisones y te invitaba a la reducida habitación. Cotizamos tres pisos hasta que me anime con una vietnamita que estaba preciosa. Reímos mucho, tomamos un saque con gusanos flotantes, fumamos un cebo marrón y redondo delicioso que delicadamente lo raspaba y mezclaba con menta en un papel tejido; movía sus tetas de adolescente haciendo de ventrílocua, hacia caritas en sus ojitos de bambú. En lo mejor el guardia tocó la puerta bruscamente: habíamos estado 40 minutos riendo y fumando y debía pagar los 100 euros. Al salir, el Rene me preguntó- como te ha ido? y yo- feliz - solo reía y reía.
IMÁGENES DE PIRAI

Por: El Papirri

Pirai Vaca llegó a Quito agotado, traía tensiones por un nuevo disco grabado en Alemania, tristezas por despedirse del amor de su vida (su hijita Casiopea), agotamiento por estos vuelos insólitos desde Bolivia a Ecuador vía Panamá. Con su pinta de rockero impenitente y su sonrisa franca de camba taitetú, nuestro nuevo abrazo tardó 9 años en renovarse. En el camino al Hotel Quito conversamos como hermanos y actualizamos nuestras vidas. La guitarra que traía desparramada en la espalda es del luthier griego Alkis Efthimiadis, evaluada en miles de dólares, construida en el 2009. El constructor cede con orgullo al concertista boliviano el instrumento y se lo renueva apenas tiene un modelo superior. Ya en el Hotel me dice sincero:

- Nos vemos el sábado. Era jueves, tocaba viernes, el artista precisaba descansar.

Al día siguiente en la noche Pirai llegó al Teatro Sucre - el mayor escenario ecuatoriano - con sus audífonos, su abrigo negro, algunas canas plateadas, me pidió le ayudara con las luces, me sentí medio cojudo sentado en su silla mientras él dirigía los focos. Entonces me acordé que fue en diciembre del año pasado que con nuestra misión diplomática en Ecuador ofertamos al concertista a la prestigiosa Fundación Teatro Sucre para que lo convoquen del 17 al 22 de mayo a la Bienal Internacional de Guitarra de Quito en la que participaron sobresalientes instrumentistas del mundo como Stanley Jordan (USA), Fabio Zanon (Brasil), Elder Olave (Perú), Philipe Loli (Francia), Leonid Kolessov (Rusia), Nono García (España), Terry Pazmiño (Ecuador).

Prontamente el teatro rugió repleto, esa noche Piraí compartía escenario con Zanon, considerado el mejor guitarrista clásico brasileño de la actualidad. Pirai ingresó al escenario con un carisma único, como si fuera un star de la floresta, con hebras alborotadas se sentó y emprendió con su ejecución magistral. Bolivia en el altiplano, valle y selva se dignificaron en sus dedos, los tangos sonaron virtuosos, con Barrios Mangore el Teatro vibró de ensueños, terminando en un bis severo, enérgico, con el Fuego del francés Dyens: lo ovacionamos varios minutos de pie. Luego, como si nada, presentó a su amigo Zanon y se fue con su aureola de luz. Y eso que no tocó la Sonata para Violín de Bach que en el DVD grabado por Diakonía en el 2007 resalta por su alta técnica y musicalidad.

Pirai Vaca ha logrado no solo la maestría del virtuoso sino también una profunda identidad, cuestión difícil en los guitarristas clásicos. Esa macro búsqueda doble tiene ya 25 años de estudio severo con maestros mundiales como Jesús Ortega, Manuel Barrueco y Hubert Kappel, producto de sus estadías por Cuba, USA y Alemania. Pirai Vaca es un milagro boliviano, un prodigio construido con paciencia, fe y fuerza interior. ¡Por fin Bolivia tiene un concertista de guitarra de nivel mundial!.

El sábado nos fuimos a almorzar con Zanon más, comimos ricos mariscos, yo de emoción me tome varias cervezas, los maestros recatados, sobrios se reían del Papirri y sus ocurrencias. Luego, en el cuarto del hotel -mientras Piraí respondía a una ciber entrevista- pude tocar su guitarra: - ¡pero te lavás las manos antes! me puteó. No hay palabras para expresar la emoción de tocar mis piecitas en la guitarra del maestro cruceño que ahora decide volver a radicar al país. Luego nos fuimos al bar del Hotel en un piso 9, Quito se diluía hacia en una neblina penetrante, allí me contó que formó el Cuarteto de Fuego con sus mejores alumnos, que iniciará una gira boliviana en Junio, que esta enamorao de Jacqueline. Con la misma emoción con que emprende Koyunbaba de Domeniconi me mostró las fotos de su hijita navegando por el amazonas, hablamos sin parar del maestro de maestros, el gran Lorgio Vaca que a sus 81 años actualmente restaura uno de sus grandes y contestatarios murales, el del Arenal. Me contó con emoción crispada las clases magistrales que recibió de Barrueco, su participación en el afamado cuarteto mundial de guitarras al que fue invitado por Hubert Kappel, sus conciertos por Europa, la beca mundial del John F. Kennedy Center for performing Arts que ganó en un concurso internacional reñidísimo. Nos despedimos con un abrazo ruidoso, recóndito.

El maestro Pirai Vaca esta considerado uno de los mejores guitarristas clásicos del mundo. Técnicamente ejavascript:void(0)splendoroso, de emoción centrada, acopla en equilibrio unidades difíciles, en un portento holístico: carisma - técnica, musicalidad -rigurosidad, sencillez - profundidad. Se les

invita a todos a verlo en vivo y en directo este 4 y 5 de Junio iniciando su gira boliviana en el Teatro Municipal de La Paz. Un privilegio que hay que valorar.

lunes, 18 de abril de 2011

EL MOVIMIENTO MAR-TI

DOMINGO DE CH’AQUI

Por: * El Papirri

“Tengo Arenas en las patas, vengo del mar /traigo sones de mulatas, arena y cal/ pintan cielos los delfines, todo esta en paz/ caballitos de marfiles, conchas de sal…soy boliviano en Chile viendo la mar, que nostalgia de años miles, quiero llorar ¡”, dice parte de la canción Un Boliviano en Chile compuesta en un cuartito ,frente a la Casa de la Moneda.

Era 2007, llegué a Santiago convidado por los cumpas sobrevivientes de la izquierda genuina chilena que organizaban un Festival de la Canción Latinoamericana dedicado a Bolivia. Fue una estadía y osadía intensa. Cuando llegamos al Aeropuerto dos comitivas esperaban: una oficial (con banda y parada) al Ministro de Defensa de Bolivia; la otra, de ch’askosos ex guerrilleros al Senador Peredo y a mi. Mientras Ministro y Senador al final se iban juntos con sus motos de sirenas, me metieron al minibus con los ch’akosos que me miraban fijamente, como queriendo descubrir algo.

Di recitales en disímiles lugares en una semana de 10 días. En los barrios populares como Peñaloren, Lo Prado, en barricadas universitarias, en teatritos chulos, en cafés anarquistas, en Pubs de la “wiskizquierda” de Bellavista junto a una diversidad de artistas chilenos. Por la calidad, resalta en mi evocación aquel concierto con Pancho Villa en el Auditorio de la Universidad Nacional y la noche dedicada a Brassens con Eduardo Peralta en el Rincón Nerudiano de Bella Vista. Por lo entrañable, el concierto en Peñaloren, donde conocí a María León, enérgica líder barrial que en su humilde casa dirigía tres reuniones simultaneas: la del sindicato, la del partido y la de la futura feria de navidad. Toqué en el medio de las tres. Al verme medio gordito, la María de Santiago, una dieta me ha enseñado, la dieta de la palmera, el tronco pa’ dentro los cocos pa’ fuera¡ Luego todo el barrio me despidió, tras el coche corrían los chiquillos villeros lanzando besos con las manitos, cantando Que tal metal.

Recuerdo un acto emotivo en pleno comedor popular del mercado de Santiago. Mientras tomábamos una sopita de caracoles, aparecieron los ch’askosos con la alta dirigencia del Movimiento Popular Patriótico Manuel Rodríguez, luego de discursos nos condecoraron con una medalla al valor, al senador y a mi ¡ Festejé el inmerecido reconocimiento con vino blanco de damajuana en vasito de plástico. Los dirigentes Julio, Damian, Marco, Osses pronunciaron palabras y vivas a la revolución. Fue allí que uno de ellos me obsequio un DVD y me dijo con sonrisa de roto chileno: teni que verlo en Bolivia pa’ que no te asustes.

Volviendo a los conciertos, el más grande fue el del Festival, en un coliseo, había unas dos mil personas, tocamos con Inti Illimani, Pancho Villa y otros cantautores. En el camerino conocí a dos zampoñistas y un charanguero chileno, montamos sobre el pucho mis canciones Whipala (1992) y la histórica Hasta Ahurita: salió bien. Allí veías aplaudiendo a la minoría absoluta de chilenos que apoyan nuestro retorno al mar.

Recuerdo una visita a Valparaíso, que lugar hermoso ¡La casa de Neruda, los cerros con ascensores, las paredes multicolores y …la mar. Recuerdo que Damian, tenia una imprenta y el 50% de la producción la dedicaba al Movimiento Patriótico haciendo afiches, volantes y panfletos gratis. Ese Chile de Allende y Neruda aun late under, vive en los ojos y la esperanza de estos entrañables compañeros.

Damian agarró su auto y nos llevo hasta la otra casa de Neruda, en Isla Negra, unas cuatro horas de carretera por la costa, mojamos nuestros pies en aquel océano frío y absoluto. Ya en la casa de Neruda me atreví a echarme en su camita, con la almohada parada estallaba el mar al frente. Por supuesto que las guías me sacaron de una oreja.

No puedo olvidar aquella noche de la canción compuesta en un cuarto del depto. de Ale Stuart, poeta, fotógrafo, militante de la vida, gnomo gigante, personaje intenso que organizó una reunión/ cena en homenaje al Papirri con jóvenes poetas y cantautores del Movimiento Kahuin. Cantamos lo más sofisticado de nuestro repertorio, tomamos vino barato pero de calidad, reímos y me enamore de una digito 2 cantora de blues que me rechazó pues su pareja estaba al frente, era mujer y cantaba rap. El Ale se reía con sus ojos; decepcionado, me fui al cuarto a componer la canción.

Una noche de concierto en el café Brasil inventé el Pisté (pisco con té) dando una linda audición. Luego del show apareció un joven con lentes, pinta de letrado manchado de barricada, quien hacia firmar un libro de adhesiones a los presentes. Cuando llegó a mí con el libro, pude leer en la tapa del mismo: Movimiento MAR-TI (Mar para Bolivia, Tierra a los Mapuches). Agradecido, firmé el libro, se sentó, se presentó como Marcelo, le invité un par de Pistes y en lo mejor me dijo “tengo que irme, acompáñame que quiero mostrarte mi auto”. Salimos y en la puerta esperaban dos carabineros pinochetistas con botas altas, me miraron con asco, le pusieron esposas y lo metieron al carro policial. Marcelo estaba en su día libre logrando las adhesiones.

Llegando a Bolivia pude ver aquel video que me entregaron en el mercado, era un documental sobre una fuga asombrosa de la cárcel de alta seguridad, los presos eran los cumpas que me condecoraron, habían hecho un hueco desde su celda, luego un túnel laaargo por debajo de un canal brotando en un parque hacia la libertad. Habían estado presos varios años por haber realizado un atentado a Pinochet donde murió toda la seguridad menos el dictador. El que ideó la fuga fue aquel joven del Movimiento MAR-TI que no pudo salir pues quedó último de la fila por dar paso a sus compañeros. Con semejantes amigos no veo la hora de volver a Chile y cantar: “por que tengo arenas en las patas, traigo toallas y sanguches, soy del Movimiento MARTI: Mar para Bolivia, Tierra a los Mapuches ¡

*El Papirri es Manuel Monroy Chazarreta, compositor y guitarrista boliviano.

SERRAT : HISTORICO ¡

Por: El Papirri

“Menos tu vientre/ todo es confuso /menos tu vientre/ todo es futuro fugaz/ pasado/ baldío y turbio”, cantaba Joan Manuel Serrat con su bella guitarra flamenca este sábado pasado en el Coliseo Rumiñahui de Quito ante unas 15.000 personas estremecidas. Esta preciosa canción pertenece al disco “Miguel Hernández”, ese de tapa de luto, dedicado al poeta mártir y grabado en 1971… 40 años después , el catalán nos ofrece un nuevo disco dedicado al poeta denominado “Hijo de la Luz y de la Sombra”: esa noche auténtica interpretó 6 canciones de la nueva musicalización, todas sólidas, soberbias.

Serrat cumplió 68 años, en 45 años de carrera grabó cerca de 40 discos originales. Cuando ingresó al escenario con su chamarrita y jeans parecía un jovato rokero rolinga, decidido, bien parado, sonriente, feliz. Entonces emprendió con “Para la libertad” y se me salieron varias lagrimas ( seria porque me había tomado unas cervezas prohibidas por el día del padre? ) ,coreando atragantado, con la certeza del suicida : Porque soy como el árbol talado que retoño y aún tengo la vidaaa¡.

La banda tenía como primer teclado al histórico Miralles, compinche por más de cuatro décadas del catalán, en coordinación fina, preciosa con el segundo teclado y computadoras del veterano y sensible Kitflus. Guitarrista triple con eléctrica, nylon y acústica, bajo turnando contrabajo, baterista encerrado en su casita de cristal y una violinista enérgica completaban este emotivo quinteto serratiano. Con “Lucia” (1971), nuevamente moqueamos. Entonces el Nano se puso gracioso, irónico, cómplice dijo: “Yo soy español, pero en realidad soy catalán, nosotros los catalanes hablamos catalán desde pequeños, no lo podemos evitar, amamos en catalán, morimos en catalán y cantamos en catalán, permítanme hacerlo” y emprendió con la bella Paraules d’amor cantada extrañamente en gran coro quiteño. La tribu de la sensibilidad en Quito sorprende cada vez más, público digito 3 para arriba era de ver esos rostros de varias generaciones acompañando las canciones: en “Aquellas pequeñas cosas” y “Mediterráneo” la cosa fue de convulsión.

Cuando emprendió con las nuevas canciones- pretexto del concierto- hubo un silencio misterioso, un respeto insólito al tratarse de una multitud en coliseo; hay que escuchar bien el nuevo CD, mientras me quedo con una copla que subía un tono por estrofa, muy difícil de cantar. La voz del Serrat 2011 es un susurro preciso, en los agudos despierta aquel guapo pop, en los medios navega suave, expresiva, madura. Entonces llegó la “Nana de las Cebollas” del primer Miguel Hernández, conmueve saber que el poeta escribió la prosa en 1939, en plena prisión franquista, cuando supo que su esposa y primogénito- en pobreza rotunda- solo se alimentaban de pan y cebolla. Conmueve saber que el poeta les regaló esta poesía contra el hambre. Y sorprende saber que la música es de Alberto Cortez.

Luego Serrat otra vez se comunicó como en la sala de su casa con los miles de hipnotizados, Mi alter ego Tarres es un terrible, es el que se coge a las mas guapas, por un problema de faldas en Quito lo despistamos diciéndole que íbamos a Alaska, dice cual abuelito pícaro. Y emprende con “Hoy puede ser un gran día”, “Cada loco con su tema”, “Esos locos bajitos”, canciones de los ‘80, haciéndonos aterrizar otra vez en gemidos con “Sinceramente Tuyo” y “Penélope”, esta vez en una versión entrañable con guitarrita nomás.

Serrat está incólume, sabio, enérgico. La vida le pasó duro por encima, en los inicios de los ’60 se le puso difícil con los catalanes radicales que no aceptaban que cante en español, luego en los setenta el franquismo lo persigue y tiene que refugiarse en México un par de años, siendo que desde los ’80 con la democracia, todo fluye y crece en su

vida y carrera. Con el inicio del nuevo siglo, la salud no le acompaña venciendo un cáncer y nódulos en el pulmón. Verdadero, impar, Serrat terminó saltando en su chamarrita, retando con sus dedos a la gente, convocando los coros finales en “Tu nombre me sabe a yerba”, siempre pulcro en las entonaciones, siempre sincero en las alocuciones. Salimos livianos, como de una guitarreada, sabiendo que habíamos asistido a un acontecimiento señero, con un Serrat Histórico.

viernes, 25 de marzo de 2011

SERRAT : HISTORICO ¡

Por: El Papirri

“Menos tu vientre/ todo es confuso /menos tu vientre/ todo es futuro fugaz/ pasado/ baldío y turbio”, cantaba Joan Manuel Serrat con su bella guitarra flamenca este sábado pasado en el Coliseo Rumiñahui de Quito ante unas 15.000 personas estremecidas. Esta preciosa canción pertenece al disco “Miguel Hernández”, ese de tapa de luto, dedicado al poeta mártir y grabado en 1971… 40 años después , el catalán nos ofrece un nuevo disco dedicado al poeta denominado “Hijo de la Luz y de la Sombra”: esa noche auténtica interpretó 6 canciones de la nueva musicalización, todas sólidas, soberbias.

Serrat cumplió 68 años, en 45 años de carrera grabó cerca de 40 discos originales. Cuando ingresó al escenario con su chamarrita y jeans parecía un jovato rokero rolinga, decidido, bien parado, sonriente, feliz. Entonces emprendió con “Para la libertad” y se me salieron varias lagrimas ( seria porque me había tomado unas cervezas prohibidas por el día del padre? ) ,coreando atragantado, con la certeza del suicida : Porque soy como el árbol talado que retoño y aún tengo la vidaaa¡.

La banda tenía como primer teclado al histórico Miralles, compinche por más de cuatro décadas del catalán, en coordinación fina, preciosa con el segundo teclado y computadoras del veterano y sensible Kitflus. Guitarrista triple con eléctrica, nylon y acústica, bajo turnando contrabajo, baterista encerrado en su casita de cristal y una violinista enérgica completaban este emotivo quinteto serratiano. Con “Lucia” (1971), nuevamente moqueamos. Entonces el Nano se puso gracioso, irónico, cómplice dijo: “Yo soy español, pero en realidad soy catalán, nosotros los catalanes hablamos catalán desde pequeños, no lo podemos evitar, amamos en catalán, morimos en catalán y cantamos en catalán, permítanme hacerlo” y emprendió con la bella Paraules d’amor cantada extrañamente en gran coro quiteño. La tribu de la sensibilidad en Quito sorprende cada vez más, público digito 3 para arriba era de ver esos rostros de varias generaciones acompañando las canciones: en “Aquellas pequeñas cosas” y “Mediterráneo” la cosa fue de convulsión.

Cuando emprendió con las nuevas canciones- pretexto del concierto- hubo un silencio misterioso, un respeto insólito al tratarse de una multitud en coliseo; hay que escuchar bien el nuevo CD, mientras me quedo con una copla que subía un tono por estrofa, muy difícil de cantar. La voz del Serrat 2011 es un susurro preciso, en los agudos despierta aquel guapo pop, en los medios navega suave, expresiva, madura. Entonces llegó la “Nana de las Cebollas” del primer Miguel Hernández, conmueve saber que el poeta escribió la prosa en 1939, en plena prisión franquista, cuando supo que su esposa y primogénito- en pobreza rotunda- solo se alimentaban de pan y cebolla. Conmueve saber que el poeta les regaló esta poesía contra el hambre. Y sorprende saber que la música es de Alberto Cortez.

Luego Serrat otra vez se comunicó como en la sala de su casa con los miles de hipnotizados, Mi alter ego Tarres es un terrible, es el que se coge a las mas guapas, por un problema de faldas en Quito lo despistamos diciéndole que íbamos a Alaska, dice cual abuelito pícaro. Y emprende con “Hoy puede ser un gran día”, “Cada loco con su tema”, “Esos locos bajitos”, canciones de los ‘80, haciéndonos aterrizar otra vez en gemidos con “Sinceramente Tuyo” y “Penélope”, esta vez en una versión entrañable con guitarrita nomás.

Serrat está incólume, sabio, enérgico. La vida le pasó duro por encima, en los inicios de los ’60 se le puso difícil con los catalanes radicales que no aceptaban que cante en español, luego en los setenta el franquismo lo persigue y tiene que refugiarse en México un par de años, siendo que desde los ’80 con la democracia, todo fluye y crece en su

vida y carrera. Con el inicio del nuevo siglo, la salud no le acompaña venciendo un cáncer y nódulos en el pulmón. Verdadero, impar, Serrat terminó saltando en su chamarrita, retando con sus dedos a la gente, convocando los coros finales en “Tu nombre me sabe a yerba”, siempre pulcro en las entonaciones, siempre sincero en las alocuciones. Salimos livianos, como de una guitarreada, sabiendo que habíamos asistido a un acontecimiento señero, con un Serrat Histórico.